Y el toro siempre estuvo ahí, desde el origen de los tiempos!.
Tenemos constancia histórica de ello. Cuanto más cercano a nuestros
días, más detalles conocemos. Viriato, Creta, el poema del
mío Cid, las fiestas por la reconquista de Granada por los Reyes
Católicos, la tauromaquia de Pepehillo, la prohibición de las corridas
por Carlos IV, la "restauración" de las mismas por Fernando
VII, etc., etc. …
Sin embargo, hasta 1905 no existe en España, y por supuesto
menos aún fuera de España, ninguna asociación de ganaderos de
reses bravas. Es el 22 de marzo de este año cuando nace, –por un
motivo tan curioso como la promulgación poco antes de la Ley
Sobre el Descanso Dominical–, la "Unión de Ganaderos Andaluces"
que con la integración poco después de ganaderos de otras regiones
españolas pasaría a ser la primera "Unión de Criadores de Toros de
Lidia", manteniéndose la mayoría de los ganaderos sin asociarse,
independientes, dado el carácter individualista de los españoles y
especialmente de los criadores de bravo.
Al advenimiento en 1931 de la 2ª República Española comienzan
tiempos difíciles para el campo que lógicamente repercuten en
los ganaderos de bravo, a los que de alguna manera se consideraba,
injustamente en la mayor parte de los casos, como terratenientes
abusivos y opuestos a la reforma agraria que exigían los tiempos.
Esta situación de inestabilidad y una larga serie de acontecimientos
como la llamada "cuestión" de los Miuras y de los
Veraguas, el pleito de Juan Belmonte y la desintegración de la primitiva
Unión por el llamado "pleito de los criadores de toros",
lleva a comienzos de la temporada de 1935, primera que se va a
lidiar completa en la nueva plaza de las Ventas, al encendimiento
del espíritu asociativo como medio de autoprotección por una
parte y como consecuencia de las luchas comerciales, vetos y peleas
entre ganaderos, de otra.