Historia

Y el toro siempre estuvo ahí, desde el origen de los tiempos!.

Tenemos constancia histórica de ello. Cuanto más cercano a nuestros

días, más detalles conocemos. Viriato, Creta, el poema del

mío Cid, las fiestas por la reconquista de Granada por los Reyes

Católicos, la tauromaquia de Pepehillo, la prohibición de las corridas

por Carlos IV, la "restauración" de las mismas por Fernando

VII, etc., etc. …

Sin embargo, hasta 1905 no existe en España, y por supuesto

menos aún fuera de España, ninguna asociación de ganaderos de

reses bravas. Es el 22 de marzo de este año cuando nace, –por un

motivo tan curioso como la promulgación poco antes de la Ley

Sobre el Descanso Dominical–, la "Unión de Ganaderos Andaluces"

que con la integración poco después de ganaderos de otras regiones

españolas pasaría a ser la primera "Unión de Criadores de Toros de

Lidia", manteniéndose la mayoría de los ganaderos sin asociarse,

independientes, dado el carácter individualista de los españoles y

especialmente de los criadores de bravo.

Al advenimiento en 1931 de la 2ª República Española comienzan

tiempos difíciles para el campo que lógicamente repercuten en

los ganaderos de bravo, a los que de alguna manera se consideraba,

injustamente en la mayor parte de los casos, como terratenientes

abusivos y opuestos a la reforma agraria que exigían los tiempos.

Esta situación de inestabilidad y una larga serie de acontecimientos

como la llamada "cuestión" de los Miuras y de los

Veraguas, el pleito de Juan Belmonte y la desintegración de la primitiva

Unión por el llamado "pleito de los criadores de toros",

lleva a comienzos de la temporada de 1935, primera que se va a

lidiar completa en la nueva plaza de las Ventas, al encendimiento

del espíritu asociativo como medio de autoprotección por una

parte y como consecuencia de las luchas comerciales, vetos y peleas

entre ganaderos, de otra.

Así llegamos a los comienzos de nuestra guerra en 1936, con

cuatro asociaciones entre las que figuran los restos de aquella primera

Unión y otras tres en las que además de los procedentes de

su escisión en abundante número, se incorporan otros muchos

ganaderos no asociados anteriormente. Repartidos de esta manera

encontramos ya a la mayoría de los ganaderos fundadores de nuestra

Asociación. Sin embargo, al término de la guerra en 1939 han

mermado o desaparecido muchas ganaderías y por imperio de la

Ley todas las asociaciones.

En la concepción del nuevo Estado Español, surgido después

de la guerra, todas las actividades debían estar necesariamente

integradas en el sindicalismo vertical y único para cada actividad

empresarial. Así y pese a que continúa existiendo la resistencia de

los ganaderos de bravo a asociarse, en 1943, un grupo en su mayoría

procedentes de la Unión, así como de la Sociedad de

Ganaderos de Toros de Lidia y de la Asociación de Ganaderos de

Reses Bravas, –que presidió Juan Belmonte–, se incorpora al

Sindicato Nacional del Espectáculo (curioso precedente a tener en

cuenta en estos tiempos).

Ese grupo pasará, con efectividad en el otoño de 1945, al

Sindicato de Ganadería, como Agrupación Sindical o Grupo

Sindical de Toros de Lidia. Mientras tanto el resto de ganaderos de

bravo sigue sin sindicarse, libres e independientes.

Seis años después, en (20 de) junio de 1951 y ante la amenaza

de prohibir lidiar a toda ganadería no sindicada, se constituye, la

que hoy es nuestra Asociación, en la que se integran todos los

ganaderos y ganaderías libres, no asociadas desde el comienzo de

nuestra guerra en 1936, que habían resistido todas las presiones

anteriores. Sólo la amenaza de no dejarlas lidiar sus ganados,

(amenaza que se lleva adelante mediante la O.C. del Ministerio de

la Gobernación, Dirección General de Seguridad del 1º de mayo

de 1952) las obliga a sindicarse.

Premio a tan numantina resistencia es que desde la posición

dominante y prepotente en y del Sindicato Vertical, se le van

imponiendo nombres más o menos vejatorios y equívocos, pese a

encontrarse entre los componentes muchas y buenas ganaderías,

algunas con antigüedad de más de 200 años.

Sin embargo, ya el Reglamento de Espectáculos Taurinos de

1962 que rigió tantos años nuestra Fiesta, deja bien claro en su artículo

89, la igualdad de derechos de todos los ganaderos de bravo para

lidiar toda clase de festejos taurinos, corridas, novilladas, etc., etc…

Prueba de ello es que nuestra Asociación perteneció, con pleno

derecho y desde su creación por Orden Ministerial de la

Presidencia del Gobierno de 11 de diciembre de 1968 al Registro

de Nacimiento de Reses de Lidia, primer y único Organismo

Oficial de este sector hasta la creación del Libro Genealógico de

la Raza Bovina de Lidia, en los años noventa.

En 1969 y por ocho años de vigencia, se firma un pacto, más

bien más que menos impuesto por la autoridad sindical, por el que

la Asociación y la Unión se reparten el mercado de festejos con y

sin picadores, a excepción de los espectáculos de rejones que comparten

ambas agrupaciones sindicales. En aquel momento no existía

ya ninguna ganadería fuera de las encuadradas en las agrupaciones

citadas, ni reses bravas fuera de las mismas.

Al llegar la libertad sindical y de asociación, en 1977, hace ya

28 años, la Unión de Criadores y la Asociación de Ganaderías de

Lidia, se transforman en organizaciones profesionales al amparo

de la nueva legislación, teniendo como fecha de inscripción respectivamente,

la Asociación el día 26 de octubre y la Unión el 3

de noviembre del mismo año de 1977.

En 1980, (B.O.E. de 7 de febrero) se publica una resolución de

la Dirección General de la Producción Agraria de 17 de enero, por

la que se aprueba la Reglamentación Específico del Libro

Genealógico de la Raza Bovina de Lidia, como instrumento básico

para su mejor defensa, conservación y selección. Pero hasta el

Boletín Oficial del Estado de 21 de marzo de 1990, nº 69, es decir

más de 10 años después, no se publica la Orden de 12 de marzo de

dicho año, por la que se aprueba la Reglamentación que se publica

como anexo de la citada disposición. La Orden de 4 de junio de

1991 reconoce oficialmente a nuestra Asociación para la llevanza

del Libro Genealógico y en su artículo único dice: "Se reconoce

oficialmente a la Asociación Nacional de Ganaderías de Lidia, de

ámbito Nacional, a los efectos de lo previsto en el Real Decreto

420/1987, de 20 de febrero, sobre selección y reproducción de

ganado bovino de razas puras".

En estos más de cincuenta años de largo peregrinar, han sido

sus Presidentes nacionales D. Enrique García González, elegido

mediante votación el día 22 de abril de 1952; por el mismo sistema

fué elegido Presidente Don José María Gamazo y García de los

Ríos, el 27 de julio de 1954, y estuvo al frente de la misma hasta

la temporada de 1966, momento en que le sucede Don Jesús

Esperabé de Arteaga y González. En junio de 1978 ocupó la

Presidencia Don José María Gamazo y Manglano hasta 1994, en

que se nombra a Don Antonio Navarro Velasco y al terminar su

mandato en 1998, pasa a ocupar la Presidencia el actual, Don

Eduardo Martín-Peñato Alonso.

En este momento, cumplidas ya sus Bodas de Oro, nuestra

Asociación, con más de 400 ganaderías inscritas en el Libro

Genealógico de la Raza Bovina de Lidia figura en número a la

cabeza de cualquier otra asociación de ganado bravo del mundo,

teniendo entre sus reproductores la práctica totalidad de los diferentes

encastes del ganado de lidia.